Iron Fist

Iron Fist 0.99

Un paseo por el campo a torta limpia y con la sonrisa en la cara

Hay signos, para algunos preocupantes, para otros esperanzadores, de que los ochenta han vuelto. Los niños aprenden karate, los héroes de las películas limpian la ciudad y los juegos "casual", domésticos, desenfadados y horteras triunfan en la Red. Ver descripción completa

Adecuado
5

Hay signos, para algunos preocupantes, para otros esperanzadores, de que los ochenta han vuelto. Los niños aprenden karate, los héroes de las películas limpian la ciudad y los juegos "casual", domésticos, desenfadados y horteras triunfan en la Red.

En este contexto situamos Iron Fist, un puño de hierro que es en realidad una amalgama de nuestro añorado Kung Fu Master con las aventuras de Curro Jiménez por la Sierra de Cazorla y esa estética a lo pobre que pare criaturas y personajes de la guisa de Beavis and Butthead o South Park. Los setenta, los ochenta, los noventa y la primera década del 2000. Todo está en Iron Fist.

¿Y qué hay del juego? A priori, la enésima visita al scroll horizontal de puño y patada contra los malos de turno, a cada cual más ceporro. Sin embargo, la cantidad de potenciadores, monedas y sorpresas que se esparcen con humor en este mundo campestre hacen de Iron Fist un juego divertido. Por ejemplo, tienes que saltar de una plataforma a otra (sí, en ocasiones los brincos son vitales) y, ¡oh horror!, la píldora (por llamarla de alguna manera) sirve para todo lo contrario, para que saltes menos que una lombriz. Menos mal que los efectos de los potenciadores son limitados.

Y la música, qué festival discotequero, qué mal casa con la estética del juego en general. Quizá en eso, en su habilidad para tomarse casi todo en broma reside la gracia de este juego.

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